Nicol, un humanista radical

Recordando a Nicol”, organizado por la Vicerrectoría Académica y el Colegio de Filosofía y Letras para rendirle homenaje a la memoria de Eduardo Nicol, quien perteneció a la generación de otros grandes pensadores expulsados de su patria por la Guerra Civil Española, como José Gaos, María Zambrano, Eugenio Imaz, Ramón Xirau, entre otros.

Desde los primeros planes de estudio de El Claustro, Juan Manuel Silva Camarena, primer rector y discípulo del filósofo, plasmó el carácter libre y la vocación humanística.

La Mtra. Carmen López-Portillo Romano afirmó que la universidad es heredera del pensamiento de Nicol quien valoraba el amor por la verdad y la justicia. Gracias a su legado, en El Claustro se profesa la verdad a través del diálogo y las preguntas; despliega ímpetus y capacidades de la comunidad. La filosofía institucional inspirada en Nicol es: “el ser humano puede cambiar su forma de comportarse, de relacionarse con el mundo, con el otro; la formación nos capacita para elegir una forma de vida propia y permite reconocer el valor de la vida, de la libertad, del respeto a la diferencia, de la dignidad de la responsabilidad. La educación es la forma que tenemos de enseñar a elegir una forma de ser”.

Para la rectora, la educación es un acto de esperanza. Si somos libres somos responsables del bien y mal que hacemos. La responsabilidad debe ser coherente entre el pensar, decir y hacer.

La Universidad es la última de las garantes para que el ejercicio público de la reflexión y la expresión del pensamiento puedan realizarse sin el sometimiento a los tantos poderes que manipulan la realidad y la verdad.

En El Claustro se valora el conocimiento, no como productor de riqueza o generador de poder, sino para construir un campo cultural que permita producir sentido y significación de la realidad, de los vínculos sociales, de la valoración de la vida comunitaria y la solidaridad. No sólo es un espacio para reflexionar acerca del ser, se trata principalmente de recuperar la iluminadora idea de Eduardo Nicol de que hoy por hoy la vocación libre de pensar se convierte en la necesidad de una perseverancia, de un deber moral. La mejor forma de rendirle homenaje es que sus palabras y ejemplo inspiren nuestra conducta.

La Dra. Juliana González, quien ha difundido y estudiado el pensamiento metafísico y filosófico de este autor dictó la conferencia “Eduardo Nicol y el porvenir de la filosofía”, durante la cual, realizó una breve y objetiva exposición de algunas de las ideas del filósofo sobre su revolucionaria concepción del ser en general y del ser en particular.

El filósofo propuso un nuevo giro copernicano de la metafísica, al releer y poner en relieve la originaria contraposición que se produce en los inicios históricos entre Heráclito y Parménides. La visión del primero constituye un primigenio saber ontológico acerca de lo real, donde la temporalidad y la experiencia directa es parte de la realidad. Parménides, por su parte, invalida la capacidad cognoscitiva de los sentidos y la experiencia; y propone juzgar solamente con el pensamiento abstracto, sin los sentidos ni la experiencia.

A este respecto Nicol, pretende encontrar una propuesta distinta a partir de aquella de los dos filósofos antes mencionados: “El ser está a la vista, no hay más ser que el hecho de ser. Ser y realidad son equivalentes, la razón humana tiene que aceptar sin más el hecho de que hay ser y proceder desde ahí.” Nicol reestableció el ser y la presencia de manera conjunta como una dialéctica fenomenológica.

Para Nicol el hombre es ser de la expresión y la expresión tiene una significación propia, a partir de seis puntos:


1. La expresión hace referencia al ser del hombre como presencia, como manifestación visible. El hombre comunica su ser con su presencia.
2. La fenomicidad remite a una idea específica del cuerpo humano. En la expresión se da la interacción psicosomática-anímico-corporal exclusiva del ser humano.
3. La expresión es siempre única e irrepetible. La condición de persona tiene alcance ontológico, es único, no hay un ser hombre uniforme que se sustraiga a la diversidad a las formas plurales de existencia tanto a nivel de individuo, como social y cultural.
4. Comunicación y comunidad. La expresión comprende dos hechos fundamentales: el hombre comunica su ser particular, pero al mismo tiempo comunica el ser que está más allá de él mismo. El hombre es símbolo del hombre.
5. Historicidad. El pasado se engarza intrínsecamente con el presente y este a su vez con el futuro. De modo que ningún presente rompe de manera absoluta con el pasado. Se articula lo viejo y lo nuevo, concentrados como memoria y proyecto en la realidad del ahora.
6. El ser y de la libertad. La expresión equivale a la condición libre del hombre, a la libertad inherente del ser. El ser de la expresión, es el ser de la libertad: tanto ontológica como existencial o fáctica. La vida tiene sentido y sentido es libertad.

El misterio del hombre

Un propósito de la filosofía de Nicol es encontrar las notas distintivas que corresponden al ser del hombre, el afán de poner en relieve lo específicamente humano. En este sentido Nicol es un humanista radical, pues su idea es que el hombre sobrepase la naturaleza y la materia sin dejar de ser naturaleza ni materia. En su fugaz existencia el hombre cumple la misión cósmica de portavoz del ser.

González afirma que el porvenir de la libertad está amenazado. Y acceder a una filosofía perenemente viva, como la de Nicol, quizá haya esperanza.

Nicol afirmó que la filosofía no hace vaticinios, escribe simplemente los signos del presente, la filosofía y las vocaciones libres tienen que proseguir con lo que siempre han sido. La filosofía tiene que mantener su vocación suprema de filia y de libertad.
Para cerrar, González citó a Nicol: “Si el presente no tiene sentido, habrá que dárselo, pero no como norma, doctrina o proclama, no como bandera o divisa; sino como experiencia íntima de aquietamiento, el cielo transparente, la flor silvestre, el momento fugaz del entendimiento, el rasgo de fervor y generosidad, el deseo de vivir queriendo no hacer daño, restaurar el buen querer de las cosas y los hombres, restaurar la poesía de la vida, restablecer la paz”.